Conmemoración del 24 aniversario en defensa de los "Cinco de Central Park"

April 20, 2013
EFE

La ciudad de Nueva York vive este sábado una nueva rememoración en defensa de los "Cinco de Central Park", los hombres falsamente acusados de un delito muy mediático que se han convertido en un símbolo de la discriminación racial en el sistema de policía y justicia de la ciudad.

Diversos grupos y activistas celebran este sábado una manifestación en el barrio de Harlem, precisamente en la calle que lleva el nombre del activista por los derechos de los afroamericanos Malcolm X, para exigir que los cinco hombres (un puertorriqueño y cuatro negros) reciban una indemnización justa por el tiempo que pasaron en la cárcel siendo inocentes.
 
El 19 de abril de 1989, una mujer blanca fue brutalmente golpeada y violada mientras hacía deporte en el Central Park, un ataque que conmovió a la ciudad y dio la vuelta al mundo, agitado por los medios sensacionalistas justo cuando Nueva York estaba afectada por una epidemia de violencia racial.
 
Yusef Salaam, Raymond Santana, Anton McCrae, Kharey Wise y Kevin Richardson, que tenían entonces entre 14 y 16 años, residían en Harlem, barrio de afroamericanos y latinos de escasos recursos económicos, y estaban de paseo cuando la policía les arrestó y, tras obligarles a confesar el delito, se les llevó a juicio donde se utilizó como prueba las grabaciones de su declaración inculpatoria.
 
Pero el único delito cometido por estos chicos fue estar en el lugar equivocado, cerca del lugar donde Trisha Ellen Meili fue golpeada y violada, aunque también ser de minorías étnicas.
 
Las pruebas de ADN no les vincularon con el caso por lo que la condena, de entre cinco y trece años de prisión, se basó en sus confesiones, de las que posteriormente se retractaron señalando que fueron coaccionados a hacerlo.
 
En 2002, Matías Reyes, que para esa fecha cumplía cadena perpetua por varios delitos, se topó en la cárcel con Kharey Wise (el único que para entonces seguía en prisión) y le confesó haber sido el auténtico autor del ataque de Central Park, lo que confirmó la única prueba de ADN recolectada en la escena del crimen.
 
Un juez exoneró a los cinco de los cargos por recomendación del entonces fiscal de Manhattan, Robert Morgenthau, y en 2003 todos ellos presentaron una demanda contra la ciudad.
 
Piden respeto, reparación y prevención 
 
Los cinco, sus familias y activistas comunitarios han exigido que la ciudad pague los 250 millones de dólares que reclaman como compensación económica, así como una investigación sobre la forma en que actuaron la policía y la fiscalía del distrito.
 
"Es trágico que se robara la adolescencia de unos jóvenes por la mala conducta de la policía y la fiscalía. Y aún más desafortunado es que la administración del alcalde Michael Bloomberg rechace reconocer ese grave abuso de las autoridades", dijo Joo-Hyun Kang, directora de la organización Comunidades Unidas por una Reforma de la Policía.
 
Un documental del conocido cineasta Ken Burns y su hija Sarah, que ha sido emitido esta semana en la televisión pública (PBS), narra la historia del caso y recoge los testimonios de los cinco, quienes describen cómo fueron estigmatizados por un delito sexual especialmente violento.
 
También hablan de cómo se les separó de su familia y amigos, de no haber podido concluir sus estudios ni formar una familia como hicieron sus amigos durante esos años.
 
El documental puso de relieve los errores y malas prácticas de las autoridades que les llevaron a prisión.
 
"Supe del caso por primera vez en 2003, tras la revocación de las sentencias. Me impacto la injusticia, pero probablemente más el lenguaje que fue usado por los medios comparando a estos niños con animales" con términos como "salvajes" y "manada de lobos", explicó Sarah Burns.
 
En los últimos 24 años, los neoyorquinos han vivido muchos casos más de abuso y discriminación policial, como el del puertorriqueño Anthony Báez, quien en 1994 murió estrangulado por un agente, o el del emigrante africano Amadou Diallo, quien en 1999 fue acribillado por 41 balazos por agentes de la extinta unidad de crímenes callejeros, ambos sucesos en El Bronx, un condado de mayoría latina.
 
Tampoco olvidan el de Sean Bell, muerto en medio de una lluvia de balas en 2006 la noche en que había salido a celebrar su despedida de soltero, ni el de David Ranta que el pasado marzo fue puesto en libertad tras cumplir 23 años de cárcel por un asesinato que tampoco había cometido, pero en el que las autoridades necesitaban un culpable rápido debido a lo llamativo de su víctima (un conocido rabino ortodoxo).